MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

lunes, 7 de abril de 2014

TORRIJOS

            

LA CURVA DE TORRIJOS: “El STRELLICHNUS JACAENSIS”
 
Puente y curva de Torrijosaños  años 50


Esta curva, situada a unos 4 km. de Jaca, en la carretera que conduce a Francia, es un lugar donde el tiempo ha ido acumulando una serie de vivencias, recuerdos e historias  que el caprichoso destino, por una causa u otra, se ha empeñado  en hacer coincidir con mi vida.

 Cuando era niño, esa curva era conocida con el nombre de “La Curva de la muerte” por la cantidad de vehículos que se accidentaban en este punto.
 Noticia del ABC DEL 13 DE  agosto de 1961 
De tal manera que, ante el  calor tedioso y la rutina de los meses de agosto, dicha curva llegó a transformarse en  un aliciente más para los chavales de Jaca, que cogíamos la bicicleta y nos desplazábamos hasta allí para  ver cómo algún “Citroen  Tiburón”, normalmente de un  francés que despistado y casi siempre por la noche, confundía la carretera con el Camino de Santiago y en vez de girar a la izquierda, seguía de frente y  se estampaba  contra las rocas del río.

 Fueron numerosos los coches que cayeron en esa curva de 90º,  justo debajo del sólido puente que, según reza en la parte superior del arco, fue  construido en 1876 y que quedó fuera de uso y sustituido por otro  nuevo allá por el año 1991. A escasos metros de allí, se encuentra un enorme paredón de piedra, una auténtica  muralla de donde se extrajeron, entre otras cosas, todos los adoquines  que sirvieron para pavimentar las calles de Jaca.
Cantera de Torrijos
Se
trata de una cantera de piedra caliza, todavía en explotación, asentada sobre una formación en “flysch”. Una roca muy abundante en la zona, que ha servido de material de construcción en multitud  de casas de pueblos de la comarca y donde residió el ser vivo más antiguo  que lleva como nombre el adjetivo “jaqués”: “El ESTRELLICHNUS JACAENSIS”.
“El ESTRELLICHNUS JACAENSIS”.
Un  artrópodo que  hace unos 50 millones  de años vivió  en los fondos marinos del mar que bañaba el Alto Aragón y que estuvo empotrado en dicha   Cantera hasta el 2011, para pasar posteriormente al Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza y que se conoce así, con este nombre, por ser un “icnofósil” exclusivo de la zona de Jaca. 


LA FUENTE DE TORRIJOS

No se puede quejar Jaca de sus fuentes. Según Madoz, a mediados del siglo XIX, en la circunferencia de un cuarto de hora de la c, se encuentran más de 20 fuentes en hermosas pilas de piedra en los declives de los riachuelos”.  De esas veinte que se citan, todavía  están en uso la de Forranchinas, la de los Baños, la del Gastón, la de Marchán,  la de San Salvador etc... Y conocí de niño, aunque ya han desaparecido, las de S. Juan, y  S. Lure o Villa María.                      
    
                         
Fuente de Torrijos

La de Torrijos es la más alejada (4Km.), Emplazada debajo del paredón desnudo de la cantera, cercana del río. Es una fuente que frecuenté durante los veranos, en  mis excursiones en bici cuando me remojaba de badina en "badina" pescando a “uñeta”; o en otoño   cuando me iba de paso para acceder a los montes donde había unos buenos “cados” de setas. Para ello había que cruzar la vía  del canfranero y el canal que suministra de agua potable  a la ciudad de Jaca y después ascender a los "pacos" de los montes que están en las faldas de Bergosa..

Desde niño intenté beber esa agua que olía y huele a huevos podridos sin conseguirlo. Sin embargo, observaba cómo la gente mayor, con una fe inquebrantable,  se la llevaba  a casa en botellas o garrafas.

 Ahora sé que ese manantial de ancestral uso medicinal fue visitado por muchos viajeros antes que yo, que sirvió  a los peregrinos del Camino  de Santiago para sanarse  durante muchos siglos, y que incluso mantuvo baños, pues se tiene constancia de que al final del  s.XVI, el ingeniero italiano Angelo Baguto, que por aquel entonces se encontraba levantando la Ciudadela de Jaca siguiendo el proyecto de Tiburcio Spanochi, realizó un  muro de contención par que las riadas no los inundaran. A Madoz tampoco  le pasó desapercibida,  en el 1845,  la cita en su “Diccionario,  censo, padrón y datos de los pueblos de España” y , tras loar  las  bondades de las aguas de Panticosa,  habla de la Fuente de Torrijos  como un recurso más  de los que podía presumir la ciudad de Jaca.  La destaca por  sus propiedades ferruginosas y sulfurosas,  y le atribuye unas notables propiedades curativas, tanto para el dolor de estómago como  para las opilaciones. 

Con mi kayack

Debajo del puente  de Torrijos sigue existiendo una buena "badina", muy accesible, a la que se puede llegar andando, en bici o en coche. Es una de esas badinas que, junto con  la del “Puente S. Miguel”,  la de la “Presa del Puente Nuevo”,  la del “Muro”, la del “Puente las Grajas” y la de ”Charlé”, están inseparablemente unidas a los  muchos jacetanos que  pasábamos las tardes de verano en el río, refrescándonos con sus aguas frías y transparentes. 

Con mi amigo Charli
Treinta años después , durante la  primavera , cuando llega el deshielo de las cumbres nevadas y cuando los torrentes y barrancos hacen resucitar al río de su letargo invernal , en compañía de mis amigos Abel, Charli , Jesús , Pili, Héctor y Juancar, hemos aprovechado para pasar por esa curva  de otra  manera, esta vez por debajo del puente, en sentido descendente , pero con los mismos 90º,   para poder disfrutar   de cerca de  esa sonrisa que muestra el río cuando baja “mayenco”,   y experimentar  el enorme placer que produce poder domar  sus aguas bravas con los kayacks.


TORRIJOS : EL LUGAR DE “IXÓS”

 Termino con este pequeño rincón de las afueras de Jaca, al que tengo un especial apego desde la infancia, mostrando una tesela más de ese mosaico plagado de historia que es el Valle del Aragón. El nombre del puente de Torrijos procede del lugar de Hijós (“Ixós”), también se llamó Sagúa y Santa Eugenia en honor a la santa titular de su iglesia. Los vestigios de ese lugar quedaron en el nombre de la torre que defendía el paso, la Torre de Hijós, ubicada encima del paredón de  la actual cantera. La aldea de Hijós  debió de estar ubicada, hacia el 1313, debajo de Bergosa, en la ladera meridional del  monte  de San Salvador. La torre de Hijós, por otra parte apellido todavía frecuente en Jaca, protegía a la ciudad de las incursiones que pudieran llegar por el norte favorecida por la estrechez del paso.

Vista del puente de Torrijos desde la atalaya de la torre
El  Camino Real Jaca-Somport pasaba justo por esa grieta que el hielo y el río  tajaron  a lo largo de millones de años entre los dos muros naturales de la  formación en “flysch”. Hubo camino por ambas orillas del río convergiendo ambos  en el puente  de las Grajas. El de la izda. está hoy  visible y relativamente bien conservado; no así el que venía por la derecha desde Castiello , camino alternativo que debía utilizarse cuando las las riadas destruían el  puente de Castiello y que los viejos del lugar recuerdan con el singular nombre de “Camino Cartero Francia.” Esta Torre es citada  ya en  documentos del Archivo de la Corona de Aragón en el 1302. En los siglos XIV-XV, perteneció a  los Jiménez de Azlor (Azor),  que eran los señores de Hijós, hasta que en el año 1452 la vendieron por 3000 sueldos jaqueses a las Caridades de Jaca ,institución que tenía por objeto dar albergue y socorro a los transeuntes pobres y que perduró hasta el siglo XVII, unida por sus rentas y servivcios, a la iglesia y hospital de Sancti spiritus de la ciudad de Jaca, para pasar, poco a poco,  al abandono y  posterior olvido.

 En la primera foto os muestro la visión que debían de tener sus ocupantes desde la atalaya de la torre. En la segunda, una poco más abajo, restos de lo que parece un puesto de vigilancia. Y en la tercera, trozos de muro que bien podrían pertenecer a alguna dependencia de dicha torre.
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 Torrijos con Oroel al fondo .Aquel día bajaba una buena riada



sábado, 5 de abril de 2014

LA CALLE SAN NICOLAS DE JACA


Calle San Nicolás. Obra de Damián Sarasa.

Cada vez que paso por esta calle, donde nací y viví hasta los siete años, el recuerdo de mi infancia me transporta a unas procesiones en las que algunas personas de etnia gitana avanzaban lentamente, de rodillas por toda la calle, hasta la Catedral. Probablemente sería para Semana Santa, pero la imagen que se me quedó grabada para siempre fue la de sus rodillas ensangrentadas. !Qué fe y sufrimiento el suyo!
 
Calle San Nicolás ( J. Campo)

Esta calle, por el este, daba a un murete de hormigón que cerraba el Ferial por la parte superior, y a un enorme chopo más que centenario que fue testigo de ferias de ganado, de partidos de fúfbol, de como aprendimos a esquiar y que aún duró unos veinte años más hasta que fue vencido por el afán constructor. Por el oeste y desde mi ventana, podía contemplar el vetusto y espléndido ábside meridional de la Catedral de Jaca. 
 
      Años 30. Entrada a c. S. Nicolas por c/ de la Palma (actual Zocotín) . Foto M. Casabona
 

Esta calle que en los inicios del siglo XX, estaba habitada en su mayoría por agricultores, fue la más poblada de Jaca hacia el 1911. Pero en mi infancia, se había transformado en una calle con una actividad de lo más variado: allí hubo una fabrica de lejía , un almacén de pintura, la imprenta del Pirineo Aragonés (desde el 1963 al 1999), la panadería Jacinto , el bar Salamanca (luego Gregorio), el bar Zaragoza (luego Aragón), un afilador (Ochogavia) negocio que continúa en la actualidad, Frutas Bergua, el taller del tornero Dieste, los ultramarinos Juan José Beltrán, Frutas Elizalde, que vendía sus productos en la bajera de la esquina y luego fue joyería.
Imprenta del  Pirineo Aragonés
Aun siendo la actividad comercial y artesana de esta calle importante, no lo era menos su ancestral actividad agrícola. 

Recuerdo la costumbre, muy del Alto Aragón, de nombrar a cada casa con su nombre propio; así, la forma habitual de nombrar a cada persona era designando primero su nombre de pila y después, el nombre de su casa :“Justino, de casa Sandias”… Reforzando el valor que en la montaña tiene la casa  y la familia por encima de lo individual.
Paco Calabaceta con su macho "Lucero"
De dicha actividad  agrícola, no se me olvida cómo, colgadas de unas antiguas roldanas y empujadas por los machos, alzaban unos fardos de hierba envueltos en unas "sábanas" de lona  anudados  con  el sobrante de las cuatro puntas de dicha "sábana" para almacenarlas en lo alto del pajar. De la misma manera, aún tengo presentes  algunas de  sus fincas que bordeaban el ferial por la parte oriental con unos árboles frutales que eran visitados con frecuencia por los chavales que vivíamos primero allí y luego, en el barrio de San Juan. 


Recuerdo a los agricultores llegar con sus machos y carros ¡ni pensar en los tractores! con los productos del campo para almacenarlos en esos portalones de los que todavía queda alguno intacto. Sé que me voy a dejar alguna, pero recuerdo varios de los nombres de esas casas: Casa Antonino, Casa Baltasarillo, Casa Moquitero, Casa Gallina, Casa Calabaceta, Casa Lisardo, Casa Sandias ( una pensión donde los Primeros Viernes de Mayo, se reunían la escuadra de los "labradoers",  Casa Tejero, Casa Puente, Casa Paleta, Cas Falcón, Casa Gaitero y Casa Malo.

  La calle del Arco convergiendo con S. Nicolas
Me parece un gran acierto su peatonalización y la restauración de las fachadas y creo no pecar de chovinista si digo que, en la actualidad, es una de las calles más bonitas de Jaca. Se ha hecho honor a una calle con una antigua historia. Efectivamente, la calle de san Nicolás, formaba parte junto con la calle de  "La Población",  de un burgo nuevo, habitado por gentes venidas del otro lado del Pirineo (francos) , que se edificó  a finales del s. XI y que pronto quedaría englobada en el interior de les murallas. Tuvo su propia iglesia, la de San Nicolás, de estilo románico, que subsistió hasta el s. XIII y de la que creo queda rastro en el portal número 21 de "Casa Gaitero"; el olmo concejil, una "Enfermeria", la de San Nicolás, para los canónigos  y demás clérigos en el siglo XIV y  hasta un cementerio, el ”Fossar de San Nicolás”, ambos situados probablemente al este de la actual Catedral.

 La calle de San Nicolás está documentada, junto a diez más, ya en el s. XII y es, junto con la c/ Mayor y la del Castellar, la única que ha conservado su nombre de forma ininterrumpida hasta la actualidad, si exceptuamos el breve periodo en el que el alcalde republicano Julián Mur (el 14 de marzo de1936) cambió el nombre de San Nicolás por el de Aida Lafuente.
Entre los preciosos soportales de la calle destaco el del número 21 “Casa Gaitero”, un interesante portal románico, con arco de medio punto sobre imposta con dovelas decoradas simulando arquivoltas, y con una pequeña escultura en cada una de las jambas.