MIS COSAS DE JACA

Estas páginas van destinadas a todas aquellas personas que quieren a su ciudad, como me sucede a mí con la mía, Jaca. Hablaré, pues, de “mis cosas” esperando que alguna de ellas pueda ser también la tuya o, sencillamente, compartas mi afición por “colarme” entre el pequeño hueco que separa la memoria de la historia, lo general de lo particular o lo material de lo inmaterial. Estas “cosas de Jaca” están construidas a base de anécdotas , fotos de ayer y hoy, recuerdos y vivencias mías y de mis paisanos y de alguna que otra curiosidad, que me atrevo a reflexionar en voz alta. No es mi propósito, pues, ocuparme de los grandes temas de los que ya han tratado ilustres autores, es más bien lo contrario: quiero hacer referencia a rincones ocultos, héroes anónimos, huellas olvidadas, sendas por las que ya no se pasa, lugares que fueron un día centro de atención y hoy han sido relegados a la indiferencia, al olvido o al abandono; a unos escenarios donde se sigue representando la misma obra pero con otros actores.

jueves, 16 de marzo de 2017

LAS REJAS DEL AYUNTAMIENTO DE JACA










Detalle de una de las rejas de la fachada del Ayuntamiento de Jaca.




Puerta de la fachada del Ayuntamiento 1917.

Esas dos grandes rejas de hierro forjado   "...fueron elaboradas por el notable herrero jacetano  Simón de Maisonaba. Cada una pesó nueve quintales y seis libras; costaron 1.062 sueldos jaqueses"(Aznárez J. Francisco , Estudios de Hª Jacetana,1960).

La restauración de la fachada realizada en 2005, en la que desapareció el color negro con el que se había embetunado para protegerla de las inclemencias climátologicas, ha hecho que hoy luzcan las piedras en el original tono que tienen la piedras traídas de la cantera de de Santa Cruz de la Serós. Material con el que en 1554 canteros vizcaínos residentes en la ciudad, bajo la dirección de Joan de Rosellet, realizaron esta bella portada de estilo plateresco aragonés.

 
Casa Consistorial de estilo plateresco realizada en 1544 según reza en el podium de una de las columnas.   La fachada está como yo la conocí,  embetunada para proteger la piedra. Fotografía de Francisco de las Heras, hacia 1920. Fototipia de Hauser y Menet (Madrid). 
Con una planta menos, bajo un gran alerón de dudoso gusto, que sustituyó a su vez a otro del siglo XVIII, elemento arquitectónico inexistente en la actualidad, en la misma fachada del Ayuntamiento, unos niños se divierten. Para ellos, los elementos arquitectónicos de la Casa Consistorial no son más que uno de sus habituales teatros de operaciones. 

A cuatro de ellos les parece suficiente subirse a los bancos de piedra, a un quinto eso le parece poco divertido y se sube al podio de una de las columnas para abrazarla; los dos restantes, más atrevidos, encaramados a las verjas de las ventanas, parecen más satisfechos contemplando la escena a mayor altura.

Pocos niños de Jaca habrán resistido la tentación de hacer algo semejante cuando se acercaban por esa Casa a ver a sus Majestades los reyes Magos o esperaban impacientes la salida de gigantes y cabezudos. Así, por lo menos, lo hicimos la chavalería que pertenece a mi generación, pues complicando un poco más la diversión, intentábamos, con las rodillas flexionadas y con las manos cogidas a esos hierros, avanzar através de los 14 barrotes de la verja llegar al otro extremo de la ventana. O sencillamente dar una "pintacoda" o trepar hasta el último barrote donde podíamos colocar los pies. 
Creo que esta forma de hacer el "mono" es  una de esas costumbres en las que el tiempo  parece no haber hecho mella. Eso, al menos, he pensado cuando leyendo un artículo de Alejandro Dumas, en un viejo periódico jacetano, el "AYER Y HOY", de junio de 1949, este decía al llegar a Jaca tras una breve ausencia:

"...  mucha gente me encontré, más ni a una cara conocida. Al llegar a la Casa de la Ciudad, en la fachada, en cuyas rejas de la fachada tantas veces hice gimnasia de chico, fui a encontrarme con el sereno….” 
  
Tras leer estas líneas, no pude por menos que verme reflejado, y de paso reflexionar un poco sobre el asunto.
Sin saber muy bien el porqué, de una manera instintiva, cuando mi hijo tenía unos cuatro o cinco años y pasábamos por esa puerta, le animaba y ayudaba a que intentara hacer lo mismo que yo había hecho a su edad. Así, poco a poco, vi cómo mi hijo progresaba en el intento de recorrer con sus pequeñas manos, uno a uno, los  barrotes de las rejas de de una de las ventanas. De esta manera, "su ventana y su reja" se  fueron transformando para él en un columpio más de la ciudad. Habrá pues que concluir que, gracias al poder magnético que sin duda poseen, esas rejas habían logrado atrapar para la tradición a una nueva generación.

Foto en color de 2017. Entre las dos fotografías ha pasado aproximadamente un siglo. La Casa Consistorial luce con un espléndido aspecto. Ha aumentado la altura del edificio con una acertada restauración; se ha añadido una nueva verja a la ventana que casi hace esquina con la calle Ramón y Cajal y también ha aparecido un tercer "Banco". Un "Banco" que, a pesar de poderse calificar como  de "recién-llegado" y de  no ser  precisamente para sentarse, probablemente sea más conocido que los de piedra.

Y de paso he descubierto que la inevitable costumbre de vover la cabeza para clavar la mirada en los bancos y en las rejas cada vez que paso por allí, en realidad, estaba originada por una  fuerza muy poderosa. Un imán que ha sido cargado con la energía de miles de chavales que desde siglos vienen haciendo las mismas "monerías" y que, como yo, han crecido sintiendo que las rejas de esas ventanas también son algo suyo, algo que, de un chispazo, ilumina y despierta a una neurona ya gastada para decirles:¡muchas gracias, amigas!

Dicen que cuanto más avanza el hombre hacia la vejez más va pareciéndose a los niños. Así que creo adivinar que la querencia que tienen a sentarse en esos bancos algunas personas mayores, en parte, no es otra que la de volver de forma incosciente a un lugar que les resulta doblemente agradable.
De palique y cotilleo,  allá por 1900.
 Así, en los días de diario, en esos días en los que la ausencia de turistas hace más grande la calle Mayor, y en los que, como un goteo, se va echando en falta a aquellos paisanos que ya no la recorren, es cuando ese banco recobra su esencia jacetana. Allí, ayer como hoy, he ido viendo cómo han ido desapareciendo e incorporándose de nuevo a esa tradicional costumbre aquellos paisanos a los que ya les apetece más sentase que pasear. Allí, en esos bancos, bajo las rejas, he visto caras que antes campaban por todos los lugares de Jaca, y que ahora pasan sus buenas horas saludando a conocidos, que van calle arriba calle abajo, con la esperanza de coger un par de  "capazos" que les alegren la mañana.

 En este sentido, y por tener el recuerdo todavía muy reciente, me acuerdo de una de las personas a las que hasta el año pasado solía saludar con cariño cuando salía de "Ibercaja", o venía del bar "Pirulo" para dirigirme al de mi amigo "Michel" a echar el "arranque". Me estoy refiriendo al señor Esteban Ausens, que fue conserje del Casino Principal y primer concejal responsable del Club Hielo Jaca, cuando nos  acompañaba a Sansebastián en aquellas primeras andaduras del Club. De la misma manera, empieza a ser un fijo de esos asientos el señor  Pepe Morer, buen bailarín y maestro donde los haya en la talla de la madera, quien, tras pasearse por la Cantera, hace una pausa obligada en esos asientos antes de dirigirse a la Fontana para echar un vino envuelto en anécdotas y conversaciones, rodeado de caras y amigos jacetanos entre los que me encuentro. 


 














 
  

viernes, 30 de diciembre de 2016

JACA, UNA CIUDAD QUE TUVO MURALLAS. SU HISTORIA Y DERRIBO. (195 a. C. - 1960)



       
            




Libro publicado en noviembre de 2016  (portada)


                                  EXTRACTO DEL LIBRO


Al abrir estas páginas te vas a encontrar con una vista de Jaca que no se puede contemplar ahora, pero que existió. Una ciudad amurallada por la que, durante siglos, lucharon sin desmayo generaciones de jaqueses, al lado de su Concejo, con el apoyo de reyes aragoneses y españoles.

 Murallas que, a modo de escudo protector, garantizaron su identidad política y que, en cierta manera, suponen un verdadero libro abierto donde pocas son las páginas en las que no hayan quedado registrados los principales avatares por los que pasó la dilatada historia de la Ciudad.
Paradójicamente no las tumbaron ni los cañones, ni las minas, ni los asaltos, ni el mal tiempo ni la dejadez. Terminaron con la misma dignidad con la que aparecieron, pues reyes las hicieron construir y reyes las mandaron destruir. Alfonso XIII, en 1915, solo puso la firma a una sentencia que se venía planificando en la ciudad desde finales del siglo XIX.


NOTA. Este libro se puede adquirir por internet en esta dirección:
www.libreriaoroel.com
 C/ San Nicolás 3 y Plaza Biscós 18. Jaca (Huesca) Teléfono: 974362987


por correo ordinario poniendose en comunicación con la Librería General.
 C/ del Carmen, 4, 22700 Jaca (Huesca) Teléfono: 974361199 




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martes, 13 de diciembre de 2016

AYER Y HOY III




De la  calle “D´enmedio” (Burnao) a la actual Avda. de Francia
 
El arrabal del Burnao fue destruido en 1136 y 1141 en sendos ataques dirigidos por reyes navarros contra la ciudad de Jaca, por aquel entonces capital del reino de Aragón.
 Este barrio, el del Burnao (Barrio nuevo), desapareció definitivamente cuando Felipe II mandó construir la Ciudadela, en 1592, con el objetivo de dejar la zona despejada y evitar que, desde dicho barrio, se pudieran lanzar ataques contra la reciente construcción.
 El Burnao había surgido en el siglo XI a las afueras de las murallas de Jaca. Dejando atrás la actual glorieta del Banco de la Salud, se continuaba por la "Calle D´enmedio" y se llegaba a la Puerta de Francia o de San Pedro para acceder a la ciudad.
 El destino quiso ser caprichoso con esa calle, pues volvió a "resucitar" a principios del siglo XX, cuando, con el nombre de Carretera de Francia, surgió el primer vial que se realizó en Jaca fuera de su recinto amurallado.

    

         
Se trataba de una calle con casas adosadas a un solo lado, que iba desde el primer edificio, el teatro conocido popularmente como Salón de Variedades construido en 1905, hasta la novedosa y elegante "Casa Cebollero", terminada en 1908. La casa que se ve en la fotografía a la derecha y que pone "GARAGE" era el lugar donde se guardaban las diligencias y automóviles de los clientes que se hospedaban en el primer hotel que hubo en Jaca, el Hotel Mur.



10 de junio de 1910. Parada militar, el Capitán General de la Región militar D. Luís Puertas revistando al Galicia nº 19  en la misma calle, Carretera de Francia.





  Instantánea tomada en invierno de 1912 en el mismo lugar. Con la entrada del siglo XX llegaron a Jaca los primeros  vehículos de motor que compartían espacio con los tradicionales carros de tracción animal. La ausencia de techo en el vehículo que se ve a la izquierda (en este invierno duro y largo con temperaturas bajo cero) tenía una razón de ser: la de no añadir más peso al conjunto del coche dada su escasa potencia (3-10 cv). Este vehículo  podía moverse a una velocidad de entre 13 y 25km/h, con gasolina comprada en farmacias y droguerías.

 


Actual Avda. de Francia, en 2016






Entrada en la Calle Mayor


                                                                       

 Esta imagen del exterior de Jaca, atravesado por la Carretera Francia, se debió de tomar hacia 1910. A la izquierda se observan las escaleras de acceso al Paseo de Alfonso XIII, realizado en 1903. A la derecha se ve parte de la fachada occidental de la muralla de Jaca, todavía en pie, con el Torreón de la Moneda: lugar donde se fabricaron los dineros y sueldos jaqueses que corrieron por todo el Reino de Aragón. Junto a él, la entrada a la calle Mayor por la Puerta de San Francisco y su correspondiente fielato de madera.

De esta foto a la siguiente, tomada en el mismo lugar, tan sólo van unos 17 años, lo suficiente para observar la  sustitución de aquellas construcciones medievales por modernas edificios de cuatro pisos de altura. Con estas nuevas casas se iniciaba el avance a la "modernidad" y, con ella, la revalorización de los terrenos y la fuerte especulación urbanística que tuvo su máxima expresión entre 1960 y 1980.



    Fotografía del 4 de marzo de 1927. 
Desfile por la carretera de Francia visto desde el Paseo de Alfonso XIII. Se trataba de 82 soldados del Batallón Galicia nº 19 que volvían de la Guerra de Marruecos. Estos valerosos infantes, repatriados de África, recibieron el cordial y cariñoso reconocimiento del pueblo de Jaca, tras cantar en su honor un solemne Te Deum en la Catedral.
Anteriormente, el 25 de marzo de 1926, habían salido 170 soldados del Regimiento Galicia para África. En su despedida fueron obsequiados por parte del Casino Unión Jaquesa con una peseta para cada soldado, y el Ayuntamiento y el Casino de Jaca distribuyeron cigarros y tabaco entre la tropa.
  Al fondo, los nuevos edificios que habían aparecido tras el derribo de la parte correspondiente del recinto murado de la ciudad.


 1950. Otros uniformes, otros tiempos y el mismo lugar unos 25 años después. Desfile militar ("vista a la derecha") el día de la Inmaculada por la que entonces se llamó Avda. de José Antonio, con banda de música en frente de las autoridades militares y civiles que se encontraban a la entrada del antiguo paseo de Alfonso XIII, en ese momento llamado Paseo del del General Franco.



 Diciembre de 2016. Sigue la tradición ("vista a la derecha"). Desfile del Regimiento Galicia nº 64, entre la Avda. del  Primer Viernes de Mayo y la Avda. de Francia, con motivo de la festividad de la Inmaculada, patrona de la Infantería española y de España. Hoy, desde una pequeña plataforma de madera, situada en paseo de la Constitución, las autoridadesd civiles y militares, con la la banda de música militar enfrente, presencian el desfile.


 



Entre el Templete, el Campo del Toro y la plaza de Biscós
 
Foto de Ignacio Coyne, AHPZ, Archivo Coyné, 4130V)

Campo del Toro con el antiguo veneratorio de Santa Orosia del siglo XV.  Día de la celebración de de su patrona del mismo nombre, un 25 de junio de 1896.




Diría que esta foto bien podría ser del último año de la existencia de ese maravilloso Templete que, con evocaciones clasicistas, islámicas y orientales, mandara construir en 1908 la Hermandad de Santa Orosia y que el Consistorio jaqués ordenó destruir en 1968 para hacer una nueva plaza. Y es que ¡no tenemos remedio! Tan solo lo supimos conservar 60 años.



Templete de Santa  Orosia
Un edificio que se construyó para sustituir el antiguo veneratorio de Santa Orosia, del siglo XV, y que se levantó con humildes aportaciones de 25 y de 10 céntimos que recaudaba la propia Hermandad de Santa Orosia y en las que colaboraron los habitantes de Jaca y de los pueblecitos de los alrededores. También hubo otras aportaciones más significativas, como las realizadas por Victoriano Biscós.










 Fue un espacio que durante mucho tiempo  hizo las veces  de un inexistente "Hogar del Jubilado". Un remanso lleno de paz y tranquilidad, pues los alrededores del antiguo Campo del Toro, en el que desde la Edad Media se celebraron multitud de festejos taurinos, tenían y siguen teniendo un atractivo especial para las personas mayores. Allí, ayer como hoy, las personas de edad avanzada pasan buena parte de las mañanas luminosas del invierno jacetano, contemplando a su inseparable compañera, la Peña Oroel, que desde el horizonte, abriga sus últimas tertulias.



 No me lo ha dicho nadie, pero sé que entre las personas de edad avanzada y la Peña Oroel existe un diálogo que solo entienden ellos, y que, aunque lo llevan en silencio, existe. No en balde, la Peña Oroel les ha servido de ángel de la guarda y de vigía a lo largo de toda su vida. Probablemente ellos habrán cambiado de casa, habrán ido y vuelto a la ciudad, pero ella no se ha movido de su sitio, y creo adivinar que estarán pensando si desde el "kilómetro dos", el Campo Santo, podrán seguirse viendo y hablando toda la eternidad.





 Bajo el aireado enlosado de esta plaza estuvo el antiguo Cementerio Mayor. Lugar en el que nuestros antepasados pensaban poder descansar en paz, hasta que su sueño de más de 800 años fue interrumpido para hacer un moderno parking. 
 A ellos se les desalojó del lugar que habían elegido para su descanso, y a nosotros nos cambiaron nuestro Templete por otro de hormigón de nueve pisos; y no contentos con eso, posteriormente, nos privaron de poder contemplar en ese lugar, rodeado de los mismos abetos, el Monumento a La Jacetania: una escultura de Ángel Orensaz que nosotros llamábamos coloquialmente "estatua de Belfegor".

Monumento a La Jacetania





Desde el Banco de la Salud


Dos instantáneas del Árbol de la Salud, con nuestro viejo olmo en plena forma. Murió, como tantos otros, víctima de la grafiosis y fue definitivamente cortado en 1992.
 


















  En la  primera fotografía, que debió de ser tomada en los años 50, el viejo olmo del siglo XVIII está rodeado de un banco octogonal, con una inscripción que indica el año de su realización,1938. Año en el que se ajardinó la glorieta y se construyeron el muro y la barandilla del fondo. 
En la segunda, de 1988, un atrevido concierto al aire libre de unos viejos amigos rockeros jacetanos: "Cebada Express", entre los que se encuentran Mariano, "Lanas" y Pedro. 
Hoy sigue siendo un lugar muy frecuentado que se llama de la misma forma: "Banco o Árbol de la Salud":

"La Sauld es sinónimo de hospital, de casa de enfermos, porqué allí se va a buscar la salud. Grande sería el gozo sentido por los peregrinos cuando al llegar al puente de las Grajas avistaban la institución de la Salud, ergida en el balcón de la Cantera o corona de Jaca".
( Estudios de Historia Jacetana, J. F. Aznarez). 

Allí estuvo la leprosería de San Andrés, citada ya en el siglo XI, donde se aislaba y cuidaba a los leprosos para evitar un posible contagio. 
 Además, muy próximas se construyeron las ermitas de San Marcos, San Andrés y San Esteban.
 Y "en el siglo XIV acogió al monasterio de San Andrés, con una comunidad de hermanas que cuidaba de los leprosos". (Guía invisible de Jaca, Alberto Gómez) 

Como huellas de alguno de estos edificios, nos ha quedado un grandioso capitel que se puede ver en la actualidad sirviendo de base a una cruz del Norte.
 



2016/1916
  Vista del valle del río  Aragón desde el Banco de la Salud. De la foto de la izquierda a la de la derecha ha pasado justo un siglo. En primer plano, la casa de la Garisea y los campos que la rodean, vistos desde un auténtico balcón desde el que se contemplan el valle del río Aragón y las cumbres pirenaicas que, como Collarada, parece que se van a dejar tocar con  la punta de los dedos. 
No cabe la menor duda de que esta vista ha atrapado a jacetanos, peregrinos, viajeros y a todo aquel que visita la ciudad, un paisaje que se pierden en la noche de los tiempos.
 Se sabe que fue propiedad de los Templarios, pues en el siglo XV, los notarios, repitiendo formularios antiguos, aluden a que sus propietarios  contribuían con una "Caballería" (tributo que debían pagar bien con un caballero armado cuando era solicitado para la guerra o con dinero) al Comendador del Temple de Huesca. 
Fue  también una antigua posesión de los Abarca. Y durante un tiempo pasó a pertenecer al Concejo de Canfranc, hasta que el Santo Oficio se lo embargara a un tal Íñiguez.

   En el siglo XVIII perteneció a los Condes de Larrosa y en el siglo XX era propiedad de "Casa Castán".
En ese momento que plasma la fotografía en blanco y negro, en 1916, la casa de la Garisea constaba de una sola torre que servía de residencia para los dueños de la propiedad agrícola. Pero anteriormente, dada su ubicación,  forma y presencia de aspilleras, no se puede descartar que tuviera función de vigilancia y defensiva.
 En los montes se observa una escasa vegetación, debido a la deforestación ocasionada por la frecuente recogida de leña y la práctica del "carboneo", en esos momentos el tradicional  combustible con el  que contaban los jacetanos para calentarse durante los duros inviernos.




De la plaza de la Estrella a la de Ripa


Manuel Ripa Romero

 La que en el siglo XIX y hasta febrero de 1930 se conociera como Plaza de la Estrella cambió su nombre por el actual en honor a D. Manuel Ripa Romero (1850-1931) auténtico prócer jacetano, diputado provincial, alcalde de Jaca (11894-1895 y 1904-1909), director del periódico La Montaña y promotor de importantes reformas destinadas a embellecer y modernizar la ciudad. Bajo su mandato se realizaron entre otros logros: la Plaza del Marqués de La Cadena, la instalación del teléfono en la ciudad, la escalera, balaustrada y quiosco de la música del Paseo de Alfonso XIII, así como la reparación de la Casa Consistorial y la prolongación del cementerio.



Foto tomada en un rincón de la Plaza de la Estrella, posterior Plaza de Ripa.
El comienzo del siglo XX fue muy duro para la clase obrera en Jaca, por lo que fueron frecuentes las instituciones que ayudaban a los pobres, como "El Pan de San Antonio", "La Olla de los Pobres", El "Pan de los Pobres" o las llamadas "Suertes del Boolar", una fundación social que el Ayuntamiento puso en ejecución para que las familias pobres de la ciudad disfrutaran gratuitamente de tierras de labor.
 Quizás transportadas desde la estación del ferrocarril en el carruaje de la derecha, con la finalidad de alimentar las estufas de algún hogar jacetano, esas traviesas, tan desgastadas como las rodillas del mendigo, sirven de hogar y asiento a un tal "CÁNOVAS, POBRE VERGONZANTE" que, ataviado con sombreo y alforjas, con una olla a sus pies y  dos inseparables bastones que él mismo se ha confeccionado, es objeto de la atención de un fotógrafo anónimo allá por el año 1920.



De la anterior foto en blanco y negro a esta en color, tomada en 2016, ha pasado casi un siglo.
 Y a pesar de que los cambios son evidentes, en la parte de la derecha, el alerón del tejado de la que yo conocí como "Casa Burro" y las balconadas en estado ruinoso de las casas del fondo son perfectamente reconocibles.
Tras el abeto sigue estando el mismo edificio de factura noble al que se le ha añadido un tejado a dos aguas. Un edificio con contrafuertes, canecillos y un vano gótico que nos lleva a sospechar que tuviera algún uso anterior al de albergar la sacristía de la Catedral. Bien pudiéramos estar en presencia de lo que queda de la antigua iglesia románica de San Nicolás y que el portal románico que hoy se encuentra el nº 21 de la calle San Nicolás ( "Casa Gaitero") fuera el de la puerta de acceso de esa iglesia. 


 Otra foto donde se observa a "CÁNOVAS, POBRE VERGONZANTE" ante la mirada de dos jacetanos. 

  Esta perspectiva nos deja ver mejor el cerramiento  encalado que aislaba la Catedral del resto de la plaza. Así como el desproporcionado ábside mayor, tambien encalado, con uno de sus tres gigantescos óculos. Este ábside sustituyó al original en 1790, y en su interior, posteriormente, se colocó la sillería del coro.


En esta foto de G.Beritens y J.Lacasa, también de principios de siglo, en la que se ve la calle que da  acceso por levante a la Plaza de la Catedral, todavía se mantiene el muro que impide ver la totalidad del ábside derecho o de la epístola, único que ha llegado hasta la actualidad en su original factura.



    Son los años sesenta.
Cuartel de la Guardia civil.
Por aquel entonces ya podíamos contemplar mejor la joya del ábside de la epístola y su rico decorado escultórico, pues se ha quitado la tapia y se ha sustituido por un muro bajo de piedra con una verja de hierro. Y la plaza de Ripa se adorna con un jardín en el centro. A la izquierda, donde se ve la niña, estuvo la casa cuartel de la Guardia civil.




Así es como yo recuerdo (falta el abeto que lució en el centro del jardín) la plaza de Ripa. En esta fotografía, ya había cerrado la carnicería de Burro, ubicada a la izquierda de la entrada principal de la casa y donde, por cierto, se hacían las mejores tortetas y morcillas de Jaca. Se había quitado por completo la tapia alta que impedía ver el ábside central de la Catedral. Y se observa un inoportuno negocio de maquinaria agrícola, "Comercial Tello",  que aumentó la altura de la tapia decimonónica privándonos ( durante unos 50 años) de una vista mucho más agradable.


Año 2015, obras en la plaza de Ripa, 
fotografía  del Museo Diocesano de Jaca.


 
La plaza de Ripa se renueva. 
Aislada por el hormigón contemporáneo de la plaza de Biscós y abrazada a una antigua vecina, la Catedral, que vio cómo pusieron sus cimientos, la  "Casa Burro" parece estar pidiendo a gritos algo más que una mano de pintura.
 Esta casa, en opinión de Alberto Gómez, en su "Estudio inédito sobre el Barrio Episcopal de Jaca", "se construyó en la segunda mitad o finales del siglo XVI y correspondía al palacio del Arcediano de Gorga, canónigo encargado de administrar el Arcedianato de Gorga ( de Guarga)"



Año 2015. Estado actual de la Plaza Ripa. 

De izquierda a derecha: un establecimiento comercial situado en el lugar en que estuvo la casa cuartel de la guardia civil; el mural que reproduce algunas pinturas románicas que se encuentran en el interior del Museo Diocesano y que sirven para ocultar la casa en ruinas donde se encontraba la antigua funeraria "El Paraiso", cuyas letras gigantes, pintadas en azulete, ocupaban la pared de la  funeraria más antigua de la región, la de Manuel Gonzalez ; los ábsides de la Catedral: el derecho o de la epístola, el ábside mayor y el ábside izquierdo o del evangelio "restaurado" con dudoso criterio; la antigua iglesia de San Nicolás; la "Casa Burro", y en primer plano, la  fuente que tras rondar de una plaza a otra (yo la conocí con el nombre de fuente de la Palma a la entrada y a la derecha del la actual calle de Zocotín) y de un lugar a otro de la plaza, me transporta a aquellas tardes-noches de agosto, en las que mis padres me mandaban por agua fresca para la cena, de la que bajaba desde San Salvador, y yo llenaba mi botijo, tras esperar pacientemente una larga cola.